Viaje a China con Huawei, una experiencia inolvidable

En mis más de siete años como Youtuber y Blogger he asistido a eventos de todo tipo, pero siendo un “freak” de la tecnología no ha podido haber mayor premio que un viaje de una semana de duración para conocer el corazón de Huawei y saber qué se esconde tras esta sólida marca de gran prestigio internacional.

Yo, al igual que otros compañeros especializados en el análisis de dispositivos móviles, debemos afrontar doce meses cargados de trabajo, con épocas de gran tensión y estrés en fechas clave en las que tienen lugar eventos como el Mobile World Congress, el CeBit o el IFA de Berlín, sin contar los eventos de presentación locales que van aconteciendo de cara a la presentación de móviles, wearables, portátiles y otros gadgets tecnológicos.

¿Qué significado ha tenido para mí el viaje de Huawei? Siempre había querido ver una fábrica por dentro y visitar las oficinas centrales, tener un mejor conocimiento de la cultura empresarial de una marca y, como no, contar con la suerte de deambular por la ciudad tecnológica por excelencia, Shenzhen.  Por supuesto, recorrer con la mirada la mítica urbe de Hong Kong, en la que grandes rascacielos se proyectan al cielo, no tiene precio cuando se está navegando por la bahía.

Ultimando preparativos antes de un gran viaje

¿Qué hace falta antes de comenzar un gran viaje de prensa como el que nos preparó Huawei? Algo fundamental es conocer la climatología de la región, para preparar a conciencia el atuendo a llevar: tras un largo día yendo de aquí para allá, la vuelta al hotel exige una ducha y cambiarse de ropa para ir a cenar y tomarse algo de forma distendida con los compañeros de viaje. A finales de septiembre la temperatura ha rondado los 30ºC y el nivel de humedad ha sido muy alto. No podían faltar pantalones cortos, camisetas, camisas para arremangar y zapatillas cómodas.

Por supuesto, la parte tecnológica tiene un peso clave para quienes queremos cubrir la experiencia a través de fotos y de vídeo. Hay que considerar llevarse un adaptador para el enchufe, que en Hong Kong es el mismo que el de Reino Unido: para Shenzhen tuve que pedir uno prestado al hotel, pues el mío no me sirvió. Y que no se te olvide revisar las prestaciones del cargador, es decir, que admita una corriente de 220V y 50Hz: el del P10 y el del Mate 9 se puede usar sin problemas.

Otro de los accesorios que debe contemplarse en un viaje largo, y en el que hacer fotos está al orden del día, es una batería externa. Yo me llevé una de Nokia de 6000 mAh, una de Kingston de algo más de 4000 mAh y otra HP de 4000 mAh. No sé por qué, no caí en la cuenta de ello hasta el último momento y tuve que tirar de gadgets que tenía por casa. Yo recomendaría llevar una única batería externa de 10000 mAh, lo que puede dar mucho de sí.

En mi viaje a China me llevé mis dos móviles personales por excelencia, el Huawei Mate 9 y el P10, ambos con cámara dual, función desenfoque y capacidad de grabar vídeo en 4K. Eso sí, reconozco que el P10 fue el que más usé durante el viaje por la comodidad de uso, por que lo llevaba siempre en el bolsillo y por qué tenía la medida justa para el “palo selfie” que traía en la bolsa que me acompañaba a todas partes. Como no, para medir la actividad diaria a nivel de pasos, en la muñeca llevé en todo momento el Watch 2 de Huawei, conectado a mi Smartphone desde Junio de 2017.

Sobre estas líneas está la bolsa de transporte que vino conmigo a todas partes en Shenzhen y Hong Kong, una solución mixta que se puede llevar como mochila o “cartera de mano”. Muchos bolsillos, tanto interiores como exteriores, y espacio suficiente para llevar otro de los gadgets que no pueden faltar en ningún viaje: un trípode y un palo selfie que, además, se puede fijar al primero. La combinación de ambos me sirvió para hacerme fotos a mi mismo sin requerir de la ayuda de nadie: incluso con el palo selfie se puede obtener mayor perspectiva si lo levantamos hacia el cielo.

¿Merece la pena llevarse una maleta más grande de lo normal a un viaje por China? Pues sí, si la idea es comprar artículos de imitación o gadgets que una vez en China se pueden conseguir a mejor precio que en Europa, Latinoamérica, USA, o incluso si se opta por una tienda online de ASIA. Yo no podía venirme de Shenzhen y Hong Kong sin un drone, un par de copias de reloj (Montblanc y G-Shock) y poca cosa más: fui con la idea de comprar algún que otro Smartphone, pero finalmente lo descarté. Algunos compañeros sí es cierto encontraron buen precio para un estabilizador Zhiyun Smooth-Q para Smartphone (unos 80 euros al cambio). Y uno de ellos se llevó una buena copia de una maleta de cabina de marca Rimowa, una gran compra según me dijo.

¿Cuál es la moneda local en Shenzhen? El YUAN renminbi chino (CNY): 1 euro equivale a 7.8 CNY, mientras que 1 US dollar son 6.6 aproximadamente. ¿Sirve el YUAN en Hong Kong? Por lo visto se acepta, o al menos es lo que me dijeron algunos de mis compañeros de viaje. Pero en esa nueva localización se debería utilizar el $ de Hong Kong: 1 euro equivale a 9.17 HKD, mientras que 1 US dollar son 7.8 HKD.

Lo recomendable es cambiar o retirar moneda en China, y al menos en el Hotel Futian Shangri-La cambiar era una de las mejores opciones. Siempre cabe la posibilidad de retirar dinero en los cajeros de las zonas comerciales, aunque me di cuenta de que las tarjetas de débito no funcionaban. Antes de viajar a China asegúrate de tener bien la tarjeta y que sea de “crédito”, y según sean tus planes podrías ser incluso prudente irte ya desde tu país con cierta cantidad de Yuanes o HKD.

Shenzhen, la ciudad de los rascacielos

La primera vez que vi Shenzhen fue gracias a un vídeo preparado por Fran del canal de YouTube “Android from China”. Pero no tiene precio ver la ciudad in situ, con los propios ojos, sintiendo el pesado calor y la alta humedad del mes de Septiembre y no dejando de mirar al cielo para tratar de hacerse una idea de la envergadura de los edificios que pueblan esta urbe tan tecnológica. En mi caso tuve que empalmar dos vuelos para llegar a destino: uno de Barcelona a Madrid y, apenas 2,5 horas después, subirme al avión de Cathay Pacific para afrontar unas 12 horas de trayecto adicionales. Un consejo, sobretodo si no eres de dormir mucho: llévate un libro, música en tu teléfono, unos auriculares de tipos in-ear o supraaurales, un jersey no muy grueso (aunque hay mantas disponibles) y un apoyo para el cuello.

¿Qué nos preparó Huawei tras aterrizar en el aeropuerto de Hong Kong? Un paseo en ferry hasta la bahía de Shenzhen, así que merece la pena sentarse junto a una ventana del lado derecho para disfrutar del perfil de la ciudad mientras uno se aproxima a puerto. En el paso por inmigración te miden el calor corporal, así que evita estar cargando la batería del móvil: de hecho es obligatorio registrar las huellas dactilares de pulgares y dedos índices a través de unas máquinas apostadas antes del control y acceso final a la ciudad.

A mí, y supongo que al resto de mis compañeros también, me impactó la envergadura de los edificios que se erigen con intención de tocar el cielo. Y no podía ser de otro modo, pues lejos queda la densidad de población de 5000 personas de 1955: a día de hoy ya se han superado con creces los 11 millones, una cifra verdaderamente astronómica. ¿Qué te parece? Tras dejar las maletas en el hotel Futian Shangri-La, y repasar incrédulo las dimensiones de la habitación que se me había asignado, no pude evitar rondar las aceras cercanas al hotel antes de reunirme de nuevo con el grupo: quería apostar la mirada en el firmamento y dejarme seducir por los edificios mezcla de hormigón y cristal. Tomé un buen número de fotos y algún que otro vídeo, sin poder evitar un ligero dolor en la nunca. Impresionante.

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En Shenzhen hasta la bicicleta más sencilla y destartalada es eléctrica, aunque aquellas que se utilizan para compartir los unos con los otros me pareció que requieren del tradicional pedaleo. A diferencia de lo que sucede en Barcelona con el servicio “Bicing”, las bicicletas que se comparten parece que se pueden dejar en cualquier parte: debo suponer que hay un sistema de bloqueo automático que, tras nuevamente escanear el código QR asociado, permite utilizarse por parte de otro transeúnte. En una de las salidas nocturnas vimos a dos personas tratando de escanear dos bicis sin apenas luz que los iluminara: tras un rato insistiendo lograron subirse al “vehículo” y salir pedaleando tras la atenta mirada de algunos de nosotros.

Cuando uno paseaba por la ciudad sentía el peso de la humedad, pero al entrar en recintos cerrados la temperatura cambiaba con pasmosa radicalidad: me recordó a mi viaje por Malasia, y sobretodo a mi visita a la ciudad de George Town, pues el aire acondicionado no brillaba especialmente por su ausencia. Muchos aguantamos estoicamente esos cambios de temperatura, pero no puedo negar que no esperaba caer resfriado: parece asomarse ahora, aunque puede que quede en nada y menos. Si tienes un jersey a mano, quizás sea buena idea usarlo si eres una persona friolera.

Montado el trípode, con luces apagadas y fijando un tiempo de exposición de 30 segundos en mi Huawei P10, saqué una foto de cuanto se veía desde dentro de mi habitación del hotel. La ciudad es un festival cuando la luz natural se agota y los “neones” cobran protagonismo a lo largo y ancho de los gigantescos edificios que se suceden los unos a los otros. Allí solamente me faltó una buena azotea para abarcar con la mirada hasta el límite del horizonte. Es para sentarse en una butaca y quedarse mirando hacia fuera en buena compañía. “Servicio de habitaciones, ¿dígame?”

Busca el producto de electrónica o de imitación soñado

¿Nunca has oído decir que algo es una “copia china”? Pues en Shenzhen tuvimos la oportunidad de visitar el Luohu Commerical City, un colosal recinto emplazado en la Shenzhen Railway Station y en el que decenas de tiendas se apilan y se ofrecen a venderte el producto soñado pero a un precio bastante más económico comparado con el original. ¿Quieres un bolso, unas zapatillas, una camisa o un reloj de imitación? Pues Louhu es de los mejores lugares en el que invertir tu tiempo: mi consejo es que dispongas de al menos unas cuatro horas para observar, preguntar, buscar, reflexionar, elegir y finalmente negociar.

Antes de viajar a China casi es recomendable tocar y ver el producto original, para luego plantarte en la tienda de china y mirar con esmero como de buena es la copia hecha. Yo fui con un grupo de compañeros, y entre ellos estaba una auténtica especialista en bolsos (Ana). Tras aterrizar en ese enorme emplazamiento no tardamos en entrar en una de las tiendas, y allí nos quedamos mientras preguntábamos y hojeábamos catálogos de producto. Reconozco que al principio me quedé mirando como otros se ponían manos a la obra, pero uno no puede tardar en querer también formar parte del juego. ¿Me llevé algo? Gonzalo y yo volvimos al día siguiente y me hice con un bonito reloj Montblanc y un llamativo reloj G-Shock. Excelente compra la de los dos.

A la hora de decidirte y elegir, en primer lugar es básico tocar y recorrer a fondo la superficie del objeto que se tiene ante sí, buscando posibles imperfecciones y analizando la calidad del producto. Si quieres un bolso de piel tienes que olerlo, pero si buscas un buen reloj de imitación tienes que considerar el peso, tocar la superficie, fijarte en los elementos escritos, que cada botón funcione correctamente y que, sobretodo, haya un lógico avance de la hora. Si la correa no es muy buena no debes preocuparte, siempre cabe la posibilidad de comprar una mejor en tu ciudad natal.

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¿Cómo se negocia? Ahí esta la clave, y de hecho se puede lograr un buen precio si se es paciente y se entra en el juego del tira y afloja. Por mi Montblanc Flyback pagué 300 CNY, al cambio unos 40 euros. Eso sí, el precio de salida fue de 700 CNY y mi punto de negociación partió de los 200 CNY. La idea es ir subiendo poco a poco, ser un poco payaso, gesticular sin ofender y sobretodo demostrar interés. En todo caso, si ves que el precio no termina de ser el que quieres te recomiendo levantarte y hacer un amago de irte, irte directamente y luego volver, o irte y esperar a que vengan en tu busca: esto último es lo que le sucedió a uno de mis compañeros incluso cuando ya había dejado las dependencias del lugar y de camino a buscar un taxi. Te puede llegar a sorprender el precio que se puede lograr si se es paciente.

Claro está, si lo tuyo es comprar algún dispositivo electrónico, tienes que visitar Hua Qiang Bei, con anchas aceras y tiendas apiladas la una tras la otra con letreros de conocidas marcas en el mundo de la telefonía móvil como Vivo, Oppo, Huawei, Samsung y Apple. Es más, nunca había visto tal concentración de tiendas “fake” de Apple tras caminar cinco minutos por la zona. La arteria principal del “corazón tecnológico” de Shenzhen es llamativa, pero quizás lo sea más la parte que no llegué a ver y donde me han contado se dedican a negociar con grandes cantidades de componentes electrónicos y donde también se hacen cosas como cambiar la memoria interna de un Smartphone.

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En Hua Qiang Bei hay una especie de centro comercial en el que si quieres puedes comprar un objetivo para tu cámara réflex o híbrida, productos de audio de imitación, dones y demás cosas de electrónica de consumo en las que te hayas fijado en tu país o descubierto en una tienda online china. ¿Recomendación? Si vas a comprar un drone te recomiendo que pidas al vendedor que haga una demostración de funcionamiento de la unidad que te vas a llevar para, de esta forma, estar seguro que todo está en orden. Gonzalo y yo nos quedamos un drone muy parecido al DJI Spark, y vimos como la vendedora nos hacia volar el gadget ahí mismo, levantándolo desde el suelo del pasillo y controlando el cacharro como si lo hiciera muy a menudo.

Por cierto, en el corazón de la electrónica de Shenzhen uno puede visitar el primer Centro de Experiencia de Huawei en Asia, lo que vendría a ser una tienda con todos los dispositivos actualmente en venta de la compañía: los MateBook y wearables, los móviles P y Mate Series, y también los Smartphones Nova. ¿Que reza en el techo del establecimiento? El lema de Huawei, “Make it impossible”. Y a pocos pasos, tras subirse en un ascensor, se accede a un Centro de Servicio de Huawei, en el que encontrar varias mesas con dispositivos de demostración, una pared llena de accesorios oficiales (muchos de los cuales no había llegado a ver nunca), e incluso hay una máquina que con tecnología láser para decorar la parte trasera metálica de tu Smartphone. Si estás en Shenzhen, y tu móvil tiene problemas de funcionamiento, quizás allí te puedan echar un cable.

El corazón de Huawei en Shenzhen, los Headquarters

Una de las partes principales de mi viaje a China consistió en conocer mejor a Huawei como compañía, visitar sus oficinas centrales, algunos de sus laboratorios y las áreas residenciales de los trabajadores, observar las líneas de montaje e incluso deambular por la “Huawei University”. No son oportunidades que uno pueda tener solo plantándose en Shenzhen y “pidiendo audiencia”. En los controles de acceso podían verse grandes parasoles para hacer sombra a los “guardianes”. ¿Conclusión? Ahora tengo una base más sólida de la marca en la que confió día a día para desempeñar mi actividad profesional y disfrutar de mi tiempo libre.

Durante la mañana de dos de los días que pasamos en Shenzhen tuvimos entrevistas con responsables de área de HQ y también se nos dieron charlas varias sobre temas importantes, entre ellos aquel relativo a la inteligencia artificial aplicada a los dispositivos móviles: cabe recordar la relevancia en prestaciones del procesador Kirin 970 anunciado por Huawei durante el pasado IFA 2017 celebrado en Berlín. La IA en Smartphones no es solamente un área explorada por Apple si no también por Huawei. ¿Cuáles serán los beneficios a nivel funcional? Se verá, pero contribuirá indudablemente en la experiencia de usuario.

La compañía, que ahora ocupa la posición 88 en el ranking de marcas de más valor según Forbes, ha experimentado un gran crecimiento a lo largo de los últimos 7 años: se ha pasado de los 3 millones de envíos de Smartphones en 2010 a los 139 en 2016. Basándome en mi propia experiencia, no me extraña que la ascensión de la marca haya sido meteórica y que hoy en día sus dispositivos sean muy bien valorados por propietarios y potenciales usuarios. De hecho, y para mí, el Mate 9 sigue siendo uno de los móviles más competitivos de la actualidad a pesar de que lleva ya entre nosotros más de 9 meses.

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El coloso de China cuenta con una tremenda extensión de terreno en Shenzhen, donde se erigen varios edificios de oficinas y áreas residenciales, la Huawei University dedicada a la formación complementaria y más especializada, e incluso pude entrar en uno de los amplios comedores reservados a los trabajadores. Claro está, a parte de las charlas, a mí personalmente me encantó visitar uno de los laboratorios de pruebas, en el que se realizaban test de impactos, durabilidad del cableado y botones de Smartphones, resistencia a bajas y altas temperaturas, entre otros.

¿Has visto alguna vez por televisión la cadena de montaje de un coche? Entrar en una de las fábricas de Huawei fue toda una experiencia que traté de saborear procurando retener cada detalle que mis ojos veían con curiosidad. Antes de entrar en el área con las líneas de montaje, personal y maquinaria correspondiente al P10, el grupo de periodistas tuvimos que dejar todo tipo de elementos metálicos, calzarnos unas zapatillas negras, cubrirnos con una especie de bata cual niño de primaria, e incluso ponernos una gorra/gorro para cubrir la cabeza.

Nos dividimos en dos grupos, y al comenzar por uno de los extremos de la línea de montaje del P10 (que era del modelo que uso ahora) comencé a curiosear como si fuera un niño. Contaba con un dispositivo a través del cual escuchaba la información que nos ofrecía el guía de las instalaciones, pero me era difícil de avanzar al mismo ritmo que el resto: quería fijarme en todo, aunque lo primero que vi fue la placa madre del teléfono prácticamente desnuda. Era novato en esto de ver in situ como se montaba un Smartphone a piezas, y si de mi hubiera dependido me habría tomado bastante más tiempo del que tuve la oportunidad de gozar.

Los trabajadores no parecían vernos, aunque en ocasiones nos situábamos a escasos centímetros para no perder detalle de qué hacían y cómo lo hacían. En la línea de montaje había puntos en los que intervenía el factor humano, y otros en los que un brazo robótico se encargaba de trasladar la placa base de un lado a otro, aplicar una especie de pasta adhesiva o de acoplar componentes de forma precisa y rápida. ¿Has visto un procesador Kirin de cerca? Puede parecer una tontería, pero hubiera agarrado uno para llevármelo de recuerdo: vi una buena remesa de chips todos juntos, cual tableta de chocolate.

¿Qué cosas se dejan en mano del factor humano? El montaje de las ópticas de las cámaras, el acoplamiento de la carcasa y el buen sellado de la unidad, entre otros elementos que no requieren de alta precisión y que son como un “Plug & Play”. Eso sí, la lámina de protección de la pantalla la fija una máquina. Por cierto, ¿Sabes cómo se realizan las pruebas de audio del auricular y del altavoz? Pues es todo muy manual. Un empleado, que se encuentra dentro de un recinto de cristal técnicamente insonorizado, comprueba personalmente que los componentes de audio suenan como es debido. Debo decir que, tras observar atentamente a cada trabajador, realizan las tareas con cuidado y sin pasar por alto detalle alguno. Comentar también que en fábrica, si no me falla la memoria, se conceden 15 minutos de descanso por cada 2 horas de trabajo continuo.

Con solamente unos pocos metros se pasa de ver una placa madre con algunos componentes integrados a todo el terminal perfectamente ensamblado y totalmente operativo, listo para meterse en la caja, enviarse y disfrutarse por parte de cualquier usuario. Me resultó curioso que el terminal en producción era un Huawei P10 de color negro, exactamente el mismo modelo que el mío propio. Que cosas, ¿verdad?

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El espacio ocupado por Huawei en la ciudad de Shenzhen no es precisamente acotado, siendo una de las instalaciones relevantes la Huawei University, un recinto en cuyo interior hay un buen número de restaurantes, zonas verdes, y un cuidado espacio interior. Me gusto ver como en el techo con claraboya de una de las zonas se habían dispuesto con gusto un buen número de paraguas con intención de servir de adorno. En el caso de los periodistas españoles, en una de las dos visitas a este recinto comimos en el restaurante que parecía estar reservado a personas más de aire “ejecutivo”: la comida sobresaliente, incluso con una sabrosa selección de sushi, maki y sashimi.

¿Hubo algo que me llamara la atención? Un cartel en el que se indicaban indumentarias no aceptadas, como por ejemplo pantalones rotos y camisetas de tirantes en el caso de chicos, mini faldas y mallas en lo relativo a vestuario de chicas. Y en los dos quedaba claro que tampoco se aceptaba el uso de sandalias o zapatos de vestir (chicas).

Hong Kong, una ciudad mágica al caer la noche

Bajo mi punto de vista, el viaje organizado por Huawei ha sido ejemplar e intachable. Toda una experiencia cuya recta final tendría localización en la mítica ciudad de Hong Kong. Pasaporte en mano, y debidamente cumplimentada la tarjeta de salida de China, nos montamos en una furgoneta con doble matriculación con objeto de pasar los controles de las dos aduanas terrestres: la salida de China y la entrada en Hong Kong. Nos llevó alrededor de 2 horas ir de la puerta de un hotel a otro, pero fue un cómodo viaje en grupos de cinco personas.

Los días que pasamos en Shenzhen estuvieron muy bien organizados, pero la “guinda del pastel” nos la encontramos en Hong Kong, y no solamente por el hecho de que nos alojáramos en el impresionante hotel The Península, que cuenta con una flota de Rolls-Royce e incluso helicóptero privado. ¿Qué nos esperaría a nuestra llegada? Un nocturno tour en barco por la bahía, para que todos y cada uno de nosotros quedáramos atónitos con un horizonte cubierto de luz y de color: no faltaba más que tomar unas fotos, tomar asiento al aire libre y perder la vista y los pensamientos en la silueta de una ciudad muy despierta y rebosante de vida.

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Debo reconocer que nunca antes había tenido la oportunidad de disfrutar de unas vistas tan embriagadoras, tan mágicas, que a uno le pueden hacer perder la noción del tiempo y evadirse si nada le distrae. No se podía pedir más en esa primera noche en la ciudad, salvo el cambiar a una vista de pájaro desde el bar OZONE emplazado en la planta 118 del Hotel Ritz-Carlton: no hay techo pero si una amplia cristalera para fijar la mirada en las lejanas luces de los edificios con siluetas adornadas por luz artificial. Unas copas, unos brindis, unas risas y momentos de relax para intercambiar impresiones con los compañeros de viaje, incluidos los chicos de Huawei (Cristina y Gonzalo) y de Hill-Knowlton (Ana y Silvia).

Al día siguiente de llegar Hong Kong, el grupo de periodistas e influencers españoles nos dirigimos a la Isla de Lantau para agarrar el Ngong Ping 360, un teleférico de 8 kilómetros de recorrido que comunica Tung Chung con el monte Ngong Ping: lo curioso de ese teleférico es que tiene un suelo de cristal, lo que permite tomar fotos muy interesantes tanto de lo que hay debajo como autorretratos para hacernos creer que estamos levitando. Y, por supuesto, las vistas desde allí son otro de los atractivos del recorrido.

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En el monte Ngong Ping pudimos ver el Gran Buda, lo que me recordó al que vi en Nara (Japón). Pero no fue eso lo que más me llamó la atención de la visita, si no más bien el templo del monasterio Po Lin, un lugar que trasmitía paz y que visualmente impactaba por la belleza del lugar. ¿Cosas que hacer por la tarde? Nos acercamos a la playa de Repulse Bay, donde tomé algunas fotografías desde un punto estratégico: uno se puede bañar allí, siempre y cuando se esté dentro del perímetro de seguridad delimitado por una “barrera” amarilla anti tiburones.

¿Sabes que es el Victoria Peak? Es el punto más alto de la ciudad, desde el que las vistas son también cosa impresionante: eso sí, para llegar hasta allí hace falta subirse a un funicular y esperar a que se supere el desnivel. El punto más alto del mirador se encuentra a 552 metros de altura, lo que da una buena sensación de lejanía y permite al mismo tiempo abrazar con la mirada el grueso de la gran urbe.

Despedida y cierre al viaje

Como pasa a menuda, todo lo bueno se acaba. ¿Se podía dar el broche de oro a una semana de corte único? El sábado 30 de Septiembre lo teníamos libre, para recorrer la ciudad a nuestro antojo. Tras dejar lista la maleta, desayunar con calma y esperar a que la lluvia matinal se fuera disipando, llegaba el momento de salir a la calle y atajar con el último paseo por Hong Kong. Estoy convencido que más de uno hubiera alargado el viaje, pero los compromisos y los trabajos atrasados no nos perdonarían.

En compañía de los chicos de Huawei y Hill & Knowlton, agarramos un taxi para dirigirnos al “Ladies Market”. Un colorista mercado callejero en el que hallar todo tipo de cosas, desde relojes imitación (no tan buenos como los que vi en Shenzhen), pasando por bolsos y prendas de vestir varias, hasta sets de palillos y curiosos mecheros adornados con marcas de automóviles. Enfilando la calle principal, a izquierda y derecha se amontonaban los tenderetes con sus ofertas de artículos varios: no faltaría el gato chino de la suerte que baja y sube el brazo izquierdo. ¿Nunca lo has visto en algún restaurante de tu ciudad?

En realidad no es fácil perderse en el Ladies Market, aunque sí entretenerse mirando y preguntando por esto y por aquello. Si a uno le faltan regalos por comprar es un buen sitio donde encontrarlos, aunque no sin armarse de paciencia y pasearse sin prisas. Reconozco no haber comprado en Hong Kong, aunque fue antes del inicio de mi viaje a China mi intención: me fui de vacío en lo que se refiere a objetos tangibles, pero me llevé algo mucho mejor que no es otra cosa que el afianzamiento de mi relación con compañeros de otros medios.

Por otro lado, al grupo de que anduvimos callejeando juntos nos fue imposible agarrar un taxi de vuelta al hotel. ¿Por qué? O bien los conductores hacían caso omiso a nuestras indicaciones, o bien realizaban un tajante gesto para hacernos entender que no nos podríamos subir a sus vehículos. Así pues, tras varios intentos en vano, nos dispusimos a andar con el GPS del teléfono dando indicaciones de como llegar al hotel: un largo paseo que apenas nos hizo caracolear por las calles y sí atajar prácticamente en línea recta.

El The Peninsula puedo decir que es el hotel más lujoso en el que he estado, el que más impacto me ha generado solo entrar en el lobby, con amplios espacios, techos kilométricos, tiendas de marcas caras y, como punto llamativo, había una especie de palco desde el cual músicos de corte clásico amenizaban las tardes. Esto último no lo había visto jamás, salvo el típico piano de cola capitaneado por manos más o menos virtuosas de un buen intérprete.

¿Dónde fue el “fin de fiesta”? En la planta séptima, donde se encontraba la piscina: al caer la noche, las vistas de la ciudad iluminada generan una bucólica sensación. Las amplias vidrieras no restan impacto a un escenario de libro de ensueño. Por supuesto, quienes no quieren darse un chapuzón y relajarse, pueden salir a la terraza y contemplar el firmamento y el horizonte con la dicha de que el tiempo se agota y el excepcional viaje toca a su fin a no mucho tardar.

Agradecimientos

Desde aquí me gustaría aplaudir la sobresaliente organización del viaje, dar las gracias a Huawei y a su agencia de comunicación (Hill & Knowlton), y sobretodo destacar el intachable trato personal que periodistas e influencers hemos recibido en todo momento sin excepción.

Este viaje a China perdurará en mis recuerdos para siempre, como buen ejemplo y referencia de cómo debe ser un gran viaje de prensa. Me llevo unas sensaciones únicas y la oportunidad de hacer “networking” con compañeros de otros medios, ya sean bloggers, medios de comunicación clásicos, y YouTubers.

Sin más, de nuevo y de corazón, un millar de gracias a Huawei y a HK Strategies por hacer posible el viaje y en especial que un servidor haya podido asistir.

 

 

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